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De las sandalias del pescador al helicóptero

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Fecha: 
7 Marzo 2013

De las sandalias del pescador al helicóptero es un artículo de Angel Dorado. "Desde mi ateísmo respetuoso con la “Iglesia de los pobres” sigo con las mismas preguntas relacionadas con la Iglesia de Roma que me hacía antaño ante el lujo, la riqueza, la pompa, el boato, las intrigas palaciegas y los escándalos"

De las sandalias del pescador al helicóptero

 Hace ya algunos años, cuando era un preadolescente católico creyente en el mensaje de Jesús de Nazaret, a quien con cariño los compañeros de parroquia llamábamos “Chus”, tuve varios encontronazos con beatas muy recalcitrantes y muy pías, además de con algunos curas de oratoria hueca y falsa piedad, porque hacía muchas preguntas sobre cuestionesrelacionadas con la Iglesia que no me cuadraban. Debí de ser un niño algo rebelde y preguntón.

Más tarde, ya casi en la adolescencia, en la prestigiosa Institución Sindical Virgen de La Paloma de Madrid, es decir, “La Paloma”, independientemente de la comida de “tarro” que, a través de las asignaturas de Religión y de Formación del Espíritu Nacional (¡toma ya!), pretendían hacernos a los 3.000 muchachos que allí nos formábamos para ser buenos profesionales de diferentes oficios (lo que en términos generales así sería) encontré a un cura salesiano, a quien apodamos “el perra gorda” y que a algunos muchachos nos quería mucho, tanto que era un tocón. Tan fue así, que siempre evitamos, menudos éramos los muchachos de “La Paloma”, quedarnos solos con el citado cura. No obstante, y en justicia, la mayor parte de la plantilla de curas salesianos era buena gente.

Así las cosas, en paralelo con los “tocamientos”, varios muchachos de la parroquia del barrio acompañábamos a algunos de esos curas al Pozo del Tío Raimundo (barrio de Vallecas) a realizar su labor pastoral un tanto “sui géneris”, dado que las infames condiciones de vida que sufrían los numerosos habitantes que habían ido llegando de diferentes lugares de España no eran las más idóneas para hablar a lo clásico del mensaje de Dios y de su hijo Jesucristo; hubiese sido inmoral. Así pues, se hablaba de cuestiones sociales y de los motivos por los que se malvivía en aquel lugar lleno de barro, sin luz eléctrica ni agua corriente en la mayoría de las chabolas o construcciones muy precarias. Se puede decir que acompañé a catequizar y salí catequizado, es decir, serían las primeras ocasiones en las que oí hablar de Marx y Engels sin que pretendiesen adoctrinar a nadie, algunos curas como el padre Llanos y el cura Paco, o sea, Francisco García Salvé, intentaban relacionar el ejemplo de Jesucristo con el materialismo histórico. Y así, después de algunos años de profunda reflexión, abandoné la Iglesia jerárquica y pasé a interesarme por la filosofía marxista, que mire usted por donde en el presente tiene cosas de rabiosa actualidad.

Y ahí me encuentro, escandalizado con las barbaries del estalinismo, del nazismo y de los demás totalitarismos que han recorrido y recorren el mundo, incluidos el capitalismo y muchas religiones.

Sirva lo antedicho para comparar las sandalias del pescador, o sea, con las que Jesucristo recorría los polvorientos caminos de Galilea, cuando no iba sobre la borrica en la que a veces montaba, con la salida del papa Benedicto XVI del Vaticano en helicóptero, dicen que reacio, para retirarse a la residencia estival de los papas en Castel Gandolfo, una vez producida su renuncia. Menudo ejemplo de humildad.

Entiendo que los tiempos han cambiado que es una barbaridad desde que “Chus”, permítaseme decirlo como cuando era niño, recorría Galilea para que hoy el Papa vaya sobre un equino, no obstante, desde mi ateísmo respetuoso con la “Iglesia de los pobres” sigo con las mismas preguntas relacionadas con la Iglesia de Roma que me hacía antaño ante el lujo, la riqueza, la pompa, el boato, las intrigas palaciegas y los escándalos que sacuden a la Banca del Vaticano y a este mismo. A este respecto, debo referirme a lo igualmente insultante de que la Santa Sede tenga un modisto oficial, entre otros despropósitos que allí se dan cita, sobre los cuales ni es el momento de referirme a ellos ni tengo espacio suficiente.

Por todo ello, sigo estando muy cerca de esos miles de curas, muy críticos con la Iglesia de los ricos, repartidos por el mundo, incluidos los barrios obreros de las grandes ciudades, que con enorme humildad y clarividencia son capaces de compaginar su fe con la razón para cambiar las indignas condiciones de vida que ha impuesto el capitalismo salvaje y depredador, con perdón de los depredadores no humanos. Tuve la suerte de conocer a algunos y de estar cerca de ellos en su labor contra la explotación de sus “hermanos”. Mi paulatina pérdida de la creencia en Dios no nos impidió estar juntos en el “barro”, independientemente de lo que cada uno creía sobre si había vida o no después del final.

Por último, debo mostrar mi desconcierto ante los millones de católicos que no se plantean ni por lo más mínimo una reflexión, por pequeña que sea, sobre lo que sucede en el Vaticano, así como sobre lo que emana de él y se esparce por el orbe, lo que, a mi modo de ver, nada tiene que ver con el mensaje y la obra del que dicen seguir. ¡Ay!, si este levantase la cabeza, los volvería a echar del templo.

 

Ángel Dorado