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No marques la X de la iglesia

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Fecha: 
3 Mayo 2012

No marques la X de la iglesia en tu declaración de la renta. El 0.7% que destina una persona a sufragar los gastos de la iglesia católica a través de la casilla de la declaración de la renta deja de incorporarse a las arcas del Estado, que recauda, por tanto, 0.7% menos.

Todos debemos contribuir al sostenimiento de los servicios públicos con nuestros impuestos y no detraer ninguna cantidad.

Lo recaudado por el concepto de la casilla se destina al sonstenimiento del culto y el clero. Es decir, a los gastos que suponen los sueldos de curas y obispos, sus cotizaciones sociales y los gastos del culto. Sin embargo, la campaña publicitaria que hace la iglesia pretende inducir a que las personas crean que esa cantidad es para una buena labor social. No es cierto.

Todas las personas son libres de sostener a la iglesia en la que quieran creer, pero que las sostengan de su bolsillo libremente, no de las aportaciones que corresponden al Estado, es decir, a todos. La iglesia católica se comprometió en los acuerdos con el Vaticano a buscar su propia financiación: no hace ningún esfuerzo: sabe que el Estado le pagará.

No pongas la X de la iglesia: Nos perjudicas a todos.

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            La autofinanciación de la Iglesia Católica: una asignatura pendiente

 

Asistimos estos días a la engañosa  campaña que en torno a la declaración de la renta realiza  la Iglesia Católica (X tantos) tratando  de hacer llegar a los ciudadanos la idea de que marcando la casilla a favor de la iglesia el ciudadano contribuye con la labor social de la Iglesia  produciendo un notable ahorro al Estado a través de las distintas entidades sociales y educativas que gestiona, cubriendo a la vez  aquellas tareas de asistencia social que el Estado no cubre.  

La realidad sin embargo es que la asignación tributaria del 0.7% del IRPF llamado impropiamente “impuesto religioso” se destina únicamente a la financiación del culto y el clero a costa de  reducir directamente los ingresos del Estado en concepto de IRPF.

Los datos de la campaña de la renta del 2009 (correspondiente al IRPF 2008)  según la propia Conferencia Episcopal Española fueron de  7.195.155  declaraciones a favor de la Iglesia Católica con un total de asignación de 252.682.547 €. Una cantidad nada despreciable en tiempos de crisis (cerca de 43.000 millones de las antiguas pesetas) y que como puede verse supera con creces todas las expectativas de años anteriores.

El porcentaje de contribuyentes que ha marcado la casilla de la Iglesia Católica en la campaña anterior fué el 34,31 % de los declarantes según la misma nota de la Conferencia Episcopal. A pesar de que el sistema no incrementa ni un euro la cuota tributaria del contribuyente  el divorcio entre aquellos que se declaran católicos ( el 80% según algunas fuentes) y los que marcan la casilla de la Iglesia (tan solo un 34,31%) es  manifiesto.

Sin embargo estos resultados no vienen marcados por el aumento del número de contribuyentes que ponen la X en la correspondiente casilla, sino sobre todo por el cambio de modelo  de “asignación tributaria”  que se elevó del 0,52 % hasta el 0,7% del IRPF a partir del año 2007 (un incremento de un 34%) y que consolidó con carácter estable el sistema de financiación de la Iglesia con cargo a una minoración de los ingresos públicos en el IRPF.

Con este sistema de financiación, y contrariamente a lo que se nos quiere hacer creer, el católico no añade ni un euro de su bolsillo en el IRPF. Es en realidad Hacienda quien lo resta de los ingresos públicos totales  a petición de un contribuyente que con ese mecanismo aporta al Estado el 99,3% de su cuota fiscal, no el 100% como el resto de los españoles. En otras palabras, el 0,7% de la cuota de los católicos, es un dinero que deja de ingresar el Estado, de tal forma que dos ciudadanos con el mismo sueldo no contribuyen por igual a las finanzas públicas con las que sostener los servicios o las infraestructuras del país. Se rompe con ello el principio de igualdad tributaria, ya que la contribución al sostenimiento de los servicios de interés general de quienes ponen la cruz a favor de la Iglesia católica es menor que la  de quienes no la ponen.

Llegados a este punto, conviene diferenciar para que no haya lugar a engaños, entre la recaudación directa del 0,7% del IRPF (252.682.547 €) de lo que son otras ingentes  aportaciones del Estado a través de sus diferentes administraciones en el campo de la enseñanza o la asistencia social.

En efecto  la engañosa campaña (X tantos) como decía al principio de este artículo trata de hacer llegar a los ciudadanos la idea de que su aportación al marcar la casilla de la Iglesia Católica  contribuye a la labor social de la misma, pero sin embargo la realidad es que esa ingente cantidad de dinero público procedente de los impuestos se destina únicamente a la financiación de los sueldos de curas y obispos y al sostenimiento del culto en las iglesias y que otras actividades sociales se financian precisamente a través de las asignaciones de los contribuyentes a la casilla de “otros fines de interés social” de las que también la Iglesia es una de las mas importantes beneficiarias  a través de distintas ONGs, de adscripción católica (Cáritas es el  ejemplo mas significativo de ello.)

Además de todo lo anterior, siendo importante la aportación de fondos públicos mediante estos mecanismos de financiación directa a través del IRPF merece una mención aparte la aportación del Estado al mantenimiento de los centros educativos privados y concertados a través de 2370 centros gestionados por la Iglesia en España. Conciertos  que algunas estimaciones oficiales cifran en unos 3.500 Mll. de euros.

Y lo más sangrante, el sueldo de unos 15.000 profesores  de religión en centros públicos ya que  el Estado en virtud de los acuerdos con la Santa Sede asume  la enseñanza de la doctrina católica en las escuelas públicas, una nómina de 525 Mll. de euros, además de capellanes castrenses u hospitalarios distribuidos por todo el territorio nacional.

Esta situación no deja de  acrecentar la incompatibilidad con los principios de separación y neutralidad del Estado. Se mantiene la financiación con fondos públicos, es decir, se entrega dinero público a la Iglesia para una actividad y unos objetivos confesionales, fundamentalmente para el sostenimiento de su estructura y jerarquía, convirtiendo al Estado en recaudador y a la Iglesia  católica en receptora pasiva de lo recaudado sin esfuerzo alguno y sin abordar una vez más la verdadera raíz del problema: que la financiación de las confesiones religiosas debe canalizarse mediante la mentalización de los fieles para que estos realicen sus propias aportaciones. Es por tanto incierto con los datos en la mano que como afirma Braulio Rodríguez arzobispo de Toledo  “la Iglesia se financia por la donación voluntaria de los fieles”...haciendo por cierto una interesada distinción con los sindicatos, que por su intencionalidad y coincidencia temporal se parece sospechosamente a otra realizada recientemente por Mariano Rajoy… A buen entendedor…

Lo  cierto e irrefutable es que la tradicional tacañería del católico español está suponiendo que el resto de españoles creyentes o no, financiamos con el dinero público las actividades confesionales de la Iglesia Católica, lo que resulta especialmente injusto en un momento de crisis económica y de necesidades crecientes del Estado para hacer frente entre otras muchas cosas a las políticas de gasto social agravadas por la misma.

Toledo- Mayo-2010

Juan J. González Rodríguez

Coordinador de Alternativa Laica.

 

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